El sargazo de Cancún también ‘hizo un favor’ a México

El sargazo fue una mala noticia para Cancún, para México y para el planeta. Lo más preocupante es que este año podría repetirse el fenómeno de su llegada a las costas caribeñas nacionales.

Pero tuvo también otro efecto, de acuerdo con dos jóvenes mujeres. Una trabaja para la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y la otra, para Citibanamex.

Tomemos el caso de Katia García Ulloa, quien encabeza proyectos de sustentabilidad en el citado banco. Ella reconoce que los directivos de grupos financieros saben ahora que la crisis climática ya golpea su balance de riesgos. En términos llanos: ya le pega al negocio.

No fue lo mismo prestar dinero a una cadena hotelera cuando construyó un enorme inmueble rodeado de blancas playas, que cobrarle ahora el crédito a los dueños de ese edificio que buena parte del año está invadido por plantas ocres que al descomponerse, apestan el lobby. Una caída en las reservaciones huele a insolvencia.

Citibanamex convirtió la preocupación en un nuevo modelo de negocio, con la disponibilidad de 100 millones de dólares en créditos para Pymes que planteen modelos sustentables.

Eso ocupa también a quienes promueven otro tipo de financiamiento. En la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), por ejemplo.

Inversionistas –como los que administran las cuentas de Afore de quienes leen este texto– conocen ya los riesgos de invertir en este momento en empresas como las del sector turístico que no consideraron planes para evitar el calentamiento y contener sus efectos. ¿Pero qué otras opciones de inversión existen? Ya trabajan en alternativas, expuso ayer Cecilia Latapí.

Ella es manager del Consejo Consultivo de Finanzas Verdes de la BMV, y compartió un panel con Katia García; Armando Laborde, de New Ventures y con una asistente sorprendida por la dimensión del Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto, Liliana Reyes, directora general de la Amexcap, que agrupa a los principales fondos de capital privado del país.

¿Pero qué opciones puede plantear el mercado a un sistema económico arcaico basado en la explotación irracional?

Quizás uno como el de David Leventhal, líder de Regenerative Resort, quien junto con su esposa construyó Playa Viva.

Es un complejo turístico basado en cabañas de lujo sostenidas por palmeras que opera en convivencia con la comunidad, la flora y fauna de las costas guerrerenses, a una hora de Zihuatanejo. Una estancia, si consiguen una, puede costarles unos 600 dólares por noche.

El negocio está cerca de una expansión internacional, advierte Leventhal.

Las inversiones de impacto tienen como propósito el choque con la economía tradicional. Sus promotores son disruptivos, tienen recursos y están cargados con una necesaria dosis de ambición, pero tienen sus reglas. Como las de Alberto Gómez Obregón, de Acumen:

Asociarse con individuos con valores. Asignar la misma relevancia al due diligence del modelo de negocio que al de la gente; también, vincular el capital correcto con la inversión que busca, sin forzar su aplicación.

Redefinir el éxito de inversiones, que se basen en datos que verifiquen el impacto en las vidas de la gente de escasos recursos; colaborar para alcanzar fines comunes, como las metas ambientales del Acuerdo de París. Y finalmente, los inversionistas deben estar dispuestos a compartir información.

Hacerlo, por ejemplo, en el FLII que terminó ayer, pero que tendrá una nueva versión en Mérida, en 2021.

Fuente: elfinanciero.com.mx