Caminos del Mayab | Arrecia guerra sucia entre políticos

En los tiempos de esta Pandemia, he tenido la oportunidad de leer algunos libros, entre ellos dos que tienen que ver con comunicación estratégica, uno de ellos titulado “La Prensa Canalla” de René Bartillac, de Editorial “Lectorum”; el otro es “Guerra en la Red, los nuevos campos de batalla” de Richard A. Clarkle y Robert K. Knake.

Les comento esto porque pareciera que son unos de los libros de cabecera de algunos gobiernos, desde el federal, estatal y municipal, pues veo que la “guerra sucia” política ya empezó a ser más constante, quizá porque estamos a menos de un año del proceso electoral del 2021 donde en México se elegirán 300 diputados de mayoría y 200 plurinominales, en Quintana Roo serán 11 presidentes municipales que serán electos en el mismo proceso.

Por eso es por lo que no es extraño que los ciudadanos empiezan a ver las encuestas en cuanto a las preferencias electorales; militantes y simpatizantes de partidos no cesan de promover y difundir, por cualquier medio, campañas de desprestigio, desacreditación y de odio en contra de sus adversarios, utilizando para ello, el menor pretexto, fundado o infundado, del que puedan echar mano para lograr sus propósitos particulares, con aquella frase de que “si no mancha cuando menos tizna”.

Se olvidan que los ciudadanos con esta “nueva normalidad” ya no están dedicados al morbo y al chisme, sino a los hechos, a la conducta de los políticos y funcionarios públicos en la actuación de esta Pandemia. Además, si los equipos de los “atacados o atacadas” se ponen las pilas, pueden acudir a las instancias legales, como el Instituto Nacional Electoral (INE), que tiene las atribuciones genéricas de regular, organizar y vigilar que los procesos electorales se apeguen a los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, máxima publicidad y objetividad, como lo establece el apartado A, base V, del artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, correlativo de las prevenciones establecidas en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (artículo 30, numeral 2, LGIPE).

No extraña que se crean “aparatos” u oficinas desde donde se crea la “guerra sucia” contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que también tiene su estructura para responder; se ataque al gobernador Carlos Joaquín González desde la oscuridad; o se enfilen las baterías contra presidentes municipales como la campaña que tiene contra Mara Lezama Espinosa (Benito Juárez), Laura Fernández Piña (Puerto Morelos) y Laura Beristain Navarrete (Solidaridad); que a todas luces se ve que son notas “forzadas” o lo más inmoral, información inventada.

Lamentablemente a algunos comunicadores se les olvida lo que dice el apartado C, de la base III, del artículo 41 de la propia Constitución de la República, particularmente donde refiere que “la propaganda política o electoral que difundan los partidos y candidatos deberán abstenerse de expresiones que calumnien a las personas”.

Solo diré que a los medios de comunicación y a los periodistas nos lleva años construirnos una credibilidad, pero que si continuamos prestándonos a la guerra sucia entre políticos por unos cuantos pesos, pues dejaremos de un lado lo que realmente debe ser un periodista, el equilibrio entre el poder y la sociedad.

Los ejemplos abundan en las redes sociales y en los periódicos digitales, cuando nos prestamos para “la declaracionitis” cuando publicamos como unos y otros miembros partidarios se imputan actos de traición, de corrupción, de enriquecimiento ilegal, de autoritarismo, de ignorancia, de incongruencia, etc., sin corroborar la información. A lo anterior y otras situaciones más, es lo que se conoce en el argot político, como “guerra sucia”. Ahí se las dejo…

SASCAB

Agradezco profundamente a todas las personas que estuvieron pendiente durante el desarrollo de mi enfermedad; especialmente aquellos que aportaron un poco de lo que tenían. A las y los que me dedicaron tiempo para poder salir adelante. Estoy cierto que recibirán su recompensa por sus detalles.

Por Martín G. Iglesias