Se acabaron los privilegios con AMLO

Los recortes presupuestales que ejercerá a partir del 1 de diciembre del presente año la Presidencia de México, en la que Andrés Manuel López Obrador dejará sin privilegios a más de 35 mil funcionarios públicos, causará resentimientos de manera principal en los que aun creen que los encargos en la administración federal son sinónimo de enriquecimiento.

Si bien es cierto que el país necesita cada vez más de gente profesional en las áreas de trascendencia nacional, el futuro Jefe del Ejecutivo federal considera que los grandes emolumentos que reciben hasta la fecha los integrantes del gobierno, bien pueden ser salarios dignos y no estratosféricos.

Fiel a su forma de gobernar, sin lujos ni fiestas, menos con gastos superfluos, el ganador de la contienda del 1 de julio de este 2018 ha reiterado que no puede haber un pueblo pobre y si en cambio, un gobierno rico.

A lo largo de las más de cinco veces que recorrió el país, el también fundador de Morena, ha sido claro en cuanto a los altos salarios que han devengado por largas décadas los integrantes del régimen en turno.

Empero, la realidad es otra. El horno no está para bollos y López Obrador dio a conocer los estándares que tendrá su gobierno, -que como se sabe- no pagará ninguna asesoría ni trabajo que no se requiera.
Y es que además de los grandes salarios que recibe la élite de oro de la administración pública, las largas listas y partidas que mantienen en secreto gobernadores y funcionarios públicos que reparten dinero y prebendas a asesores, novias, amantes y el largo etcétera, -como si en realidad México fuera una nación sin ningún rezago social- han causado además de quebranto al erario, resentimiento entre los que menos tienen.

Sin entrar en defensa de lo que queda del gobierno de Enrique Peña Nieto, pero para los mexicanos que no tienen memoria, a partir del régimen de Vicente Fox, Martha Sahagún, -que no se sentía primera dama sino de verdad, la Presidenta de México- instruyó al entonces secretario de Hacienda, para aumentarles de forma exorbitante y repulsiva, salarios multimillonarios a sus más cercanos colaboradores.

Con Felipe Calderón no hubo excepción. De ahí que hasta los panistas más recalcitrantes hicieron mutis y se dejaron adorar por la administración calderonista, con salarios que muchos de ellos que venían de la iniciativa privada, nunca tuvieron ni en el más alto nivel administrativo.

Quien haya sido el causante de esa paga de emolumentos de lujo a funcionarios públicos del pasado reciente, ya está salvado. Porque a partir del gobierno de AMLO, quien desee trabajar en la administración federal, devengará un salario decoroso, no ostentoso, a la altura de las circunstancias de un país con muchas carencias económicas.

Al parecer, ahora sí, la dosis de cicuta que se aplicará a la mayoría de funcionarios públicos “de confianza” llegará en tiempo a quienes tendrán que irse, sino por renuncia, si por la aplicación de la cláusula que guarda de manera celosa la administración pública y que se llama, pérdida de confianza.

Fuente: milenio.com | Marco Antonio García Granados