Yum Balam, área natural protegida y un paraíso en disputa en Quintana Roo

El Área Natural Protegida (ANP) de papel Yum Balam, donde se encuentran el pueblo de Chiquilá y la emblemática Isla de Holbox, crece sin control, por la falta del Programa de Manejo, que tiene 23 años de retraso y una efectiva inspección y vigilancia, mientras el gobierno mexicano sigue decretando kilómetros y kilómetros de reservas ecológicas, para el cumplimiento de compromisos internacionales.

El objetivo es alcanzar antes de 2020, la Meta 11 de Aichi del Convenio de Diversidad Biológica, en el que nuestro país acordó conservar bajo algún esquema de protección, 17% de la superficie terrestre y 10% de la superficie marina. Datos obtenidos a través de la Plataforma Nacional de Transparencia, establecen que en los últimos 10 años, el presupuesto para Yum Balam pasó de 3.94 millones de pesos en 2007 a sólo 680 mil pesos en 2017, lo que representa una disminución de 82.74% en el monto de los recursos asignados.

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Cálculos de la agrupación ambientalista Greenpeace, que toman como base el Presupuesto de Egresos de la Federación, indican que este año México invirtió apenas 81 pesos por cada kilómetro cuadrado en sus áreas naturales protegidas del estado de Quintana Roo, en contraste con los dos mil pesos por kilómetro cuadrado que aplicaba hace una década.

Los escasos recursos financieros y humanos para la adecuada gestión y manejo de las reservas, así como la falta de instrumentos de regulación y la llegada masiva de turistas, provocan colapsos como el que vivió la llamada isla chica de Holbox, donde viven alrededor de dos mil 500 personas y hay más de dos mil habitaciones de hotel.

Emilio Jiménez, presidente municipal de Lázaro Cárdenas, recordó que en las pasadas vacaciones de verano arribaron 12 mil visitantes en un solo día a este paraíso de Quintana Roo, con una extensión de apenas 40 kilómetros de largo por dos kilómetros de ancho.

En julio y agosto llegaban ocho mil, nueve mil y un día que se registró como el día tope, 12 mil turistas, entonces la capacidad fue superada, la oferta fue superada y se colapsaron los limitados servicios básicos de la isla”, señaló.

En horas, Holbox quedó bajo aguas pestilentes, lo que generó una emergencia sanitaria, que sacó literalmente a flote toda la podredumbre ocasionada por el abandono del Área Natural Protegida.

“Nosotros como Centro Mexicano de Derecho Ambiental presentamos una alerta urgente al relator de Naciones Unidas en Saneamiento, advirtiéndole sobre la falta de drenaje pluvial y la existencia de una planta de tratamiento de aguas residuales que no funciona”, comentó Sandra Moguel, directora regional de Cemda Sureste.

La basura es un problema que hasta ahora no tiene solución, ya que permanecen 800 toneladas de desechos en un supuesto sitio de transferencia convertido en tiradero a cielo abierto, con residuos peligrosos como aparatos electrónicos y medicamentos, en un ecosistema especialmente frágil, donde cada 24 horas se generan entre 10 y 20 toneladas extras, dependiendo la ocupación en la isla.

En los días más críticos, el agua potable que se bombea desde la zona continental del pueblo de Chiquilá y que recorre 30 kilómetros, 12 de ellos por debajo del mar, no fue suficiente y a pesar de que se abrieron dos nuevos pozos, urge una inversión de 50 millones de pesos.

Gerardo Mora, director general de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del estado, alertó que es necesario construir una segunda línea submarina y un tanque de almacenamiento con mayor capacidad, para que ante cualquier eventualidad, Holbox siempre tenga agua potable.

Los municipios otorgan licencias sin pedir las factibilidades ni de la CFE, ni de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado; es muy complicado ir persiguiendo el desarrollo en lugar de ir planeando el desarrollo”, lamentó.

Gamaliel Zapata, representante de Todos Unidos por Holbox, advirtió que los apagones y cortes de electricidad continúan, en la planta de la CFE que funciona con diesel, ya que el suministro estuvo pensado para 700 personas y unas 40 o 50 viviendas.

La plaga de casi mil motos y carritos de golf, únicos transportes autorizados en la isla, provocan un caos en las 15 calles de arena de Holbox.

El concreto sigue avanzando sobre las dunas costeras y los manglares, que son reservorios de gases de efecto invernadero y barrera natural contra el cambio climático.

Ante esta situación, Sandra Moguel, directora regional de Cemda, llamó a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) a que expida el Programa de Manejo de Yum Balam, “que si bien es cierto, no va a ser una panacea, al menos puede dar certeza de qué actividades se permiten y cuáles se prohíben en la zona”.

 

 

Fuente: excelsior.com.mx